
Ayer volvió a hacerme llorar. Verla emocionarse delante de las cámaras de TVE hablando de su retirada. Me parece mentira que después de estos Juegos no vaya a volver a verla competir nunca más. Ese momento en el que bese el tapiz por primera, última y única vez será emocionante para todos los que la seguimos desde hace años.
Algunos quizás no lo entiendan, para algunos no será más que una deportista más. Pero no lo es en absoluta. Ayer se autodefinió como una estrella de la gimnasia, y realmetne se lo creía. Y lo es. Lo es no sólo porque sea buena, no sólo porque sea constante, no sólo porque tenga carisma, no sólo porque no pierda la sonrisa.
Almudena Cid es una estrella porque tiene espíritu de deportista 100%. Porque ha llevado la rítmica por bandera allá donde ha ido, consiguiendo que la gente hablara de ella y fuera reconocida.

Y ha tenido la fuerza, las ganas y sobre todo el autoconvencimiento de que si te esfuerzas y luchas, y tienes ilusión PUEDES. Y así se ha plantado en sus cuartos Juegos Olímpicos. Es la única gimnasta que lo ha conseguido. Y eso será porque no es fácil, está claro. La rítmica es uno de esos deportes en los que a los 20 años empiezas a ser ya mayor (di tú que yo me jubilé a los 18, pero obviamente no vamos a comparar mi estado físico con el de ninguna profesional, seamos serios).
Y ella a sus 28 está representando a España en unas Olimpiadas. No, desde luego que no es fácil. Y si lo ha conseguido ha sido por su tesón, por su empeño, porque dijo puedo y pudo. Y nada podría hacerme más feliz que verla retirarse por todo lo alto. Y es que aunque estos sean sus últimos Juegos, sus últimos campeonatos, siempre será la mejor gimnasta española de la historia. Sí, sé que eso es subjetivo totalmente, pero este es mi blog, y para mí Almu es Almu.
Y punto.